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Sobre el envejecimiento se han hecho muchos reclamos sin base científica

junio 23, 2013

María Valerio | Madrid

Actualizado jueves 23/05/2013

Felipe Sierra no ha perdido su acento chileno pese a sus más de 11 años en EEUU, a cuyo gobierno -como recuerda varias veces a lo largo de la charla- representa oficialmente. El director de la División de Biología del Instituto Nacional de Envejecimiento de EEUU (NIA según sus siglas en inglés) habla con ELMUNDO.es desde su despacho en Washington sobre el paso del tiempo y los intentos de la ciencia por frenar los efectos del paso del tiempo.

 

¿Por qué ha ganado el envejecimiento tanta importancia dentro de la ciencia en los últimos años?

 

La respuesta podría dar para un libro, pero hay algunos puntos que son sobresalientes. La población mundial está envejeciendo; en cien años la esperanza de vida en EEUU prácticamente se ha duplicado de 45 a 80 años y se calcula que dentro de los próximos cinco años habrá, a nivel mundial, más personas de más de 65 años que niños menores de cinco. Esto es absolutamente inaudito, no ha ocurrido jamás en la historia de la humanidad, ni en la de ningún ser viviente. En segundo lugar, nuestra comprensión del fenómeno ha avanzado a grandes zancadas en el último decenio, de modo que ahora conocemos docenas de métodos por los cuales podemos alargar la vida sana en una variedad de especies (con la excepción de humanos, donde no tenemos datos). 

Finalmente, la comunidad científica está empezando a tomar conciencia de que el modelo clásico de investigación en biomedicina, basado en afrontar cada enfermedad por separado, está dando menos y menos frutos, ya que los problemas a los que nos enfrentamos ahora son justamente las enfermedades crónicas de la vejez, que tienen múltiples causas, pero con un factor de riesgo en común: el envejecimiento propiamente dicho [fruto de ese interés por una visión holística de la edad y las enfermedades ha puesto en marcha el Geroscience Interest Group]. Poniendo todo eso junto, es obvio que el interés en el envejecimiento es razonable.

 

Dice que no hay nada en humanos que prolongue la esperanza de vida…

 

En animales, hace 25 años que sabemos que hay alrededor de500 genes que controlan la longevidad, que influyen en que el ejemplar viva más o menos. Todos ellos se pueden agrupar en cuatro grupos de mecanismos moleculares: el factor de crecimiento de la insulina (IGF), mTor, las sirtuinas y las AMPKinasas. En humanos, no podemos modificar ninguno de estos genes por razones éticas, pero sí podemos ver de manera indirecta qué influencia tienen.

 

 

¿Por ejemplo?

 

Por ejemplo, hemos visto que hay algunos individuos con una versión un poco diferente del gen foxoA3A (que forma parte de la vía IGF), y este mismo gen está muy expresado en individuos centenarios por lo que sospechamos que esa versión específica del gen juega un papel importante. Es decir, en humanos no podemos modificar genes directamente, pero sí ver qué influencia pueden tener.

 

 

¿No existe entonces en humanos nada capaz de aumentar la longevidad?

 

Hay algunas sustancias (como la rapamicina o el resveratrol) que a nivel molecular han demostrado que son capaces de modificar la velocidad de envejecimiento en animales o en levaduras. Pero en humanos las evidencias son más débiles. Los datos en animales sugieren que en los próximos 10 años vamos a tener mecanismos que podrían ser eficaces en humanos a la hora de retardar el envejecimiento, pero eso aún tiene algunos problemas que están por resolver. Por ejemplo, retrasar el envejecimiento no es sinónimo de aumentar la longevidad; es decir, no es sólo cuestión de vivir más años, sino de hacerlo con una buena calidad de vida, retrasando la aparición de enfermedades. No sabemos si estas sustancias que han funcionado en animales pueden afectar a la velocidad del envejecimiento en humanos, tenemos que estar muy seguros antes de dar el salto. Sin saber si pueden tener efectos secundarios indeseados, como el aumento de cáncer, por ejemplo, prefiero no hacerlo.

 

 

¿Entonces sólo nos quedan los estilos de vida…?

 

El envejecimiento es el factor de risgo más importante para las enfermedades crónicas. Claro que el estilo de vida juega su papel. Si yo llevo a mi hija de 20 años a comer ‘comida chatarra’ (sic) tres veces al día durante cinco años, su riesgo cardiovascular habrá empeorado en todo ese tiempo. Pero si yo voy con ella, mi riesgo habrá empeorado más; es el mismo colesterol, pero yo soy más viejo que ella. Aumentar el colesterol de 190 a 240 multiplica el riesgo cardiovascular por tres; pasar de los 45 a los 85 años, lo multiplica por siete.

 

 

Si no existen evidencias científicas todavía, ¿cree que se han hecho demasiados reclamos comerciales infundados en este terreno de la ‘eterna juventud’?

 

Sí, creo que se han hecho reclamos sin base científica muy a menudo. Durante mucho tiempo, por ejemplo, se pensó que losradicales libres tenían mucho que ver en el envejecimiento y se invirtió en ello mucho tiempo y dinero. Era una teoría sencilla y atractiva: cada vez que respiramos producimos una pequeña cantidad de radicales libres muy reactivos que van a actuar sobre cualquier molécula del organismo. Se intentó influir en sus niveles con el uso de antioxidantes, salvo por un detalle: eso no tenía ningún efecto sobre la longevidad. 

No me meto en los signos externos del envejecimiento, pero eso sólo ha servido para enriquecer a un grupo de gente y hacer que muchas personas tengan la orina más cara del mundo, porque el cuerpo no necesita esos antioxidantes y los acaba expulsando.

Pasa lo mismo con la testosterona, sabemos que disminuye con la edad; pero no sabemos si ese descenso es una respuesta natural del organismo al envejecimiento y aumentarla de manera artificial como se está haciendo ahora con algunos suplementos puede tener efectos negativos.

Conocemos los mecanismos del envejecimiento, pero necesitamos investigar más para aprender a modularlos de manera efectiva. Por ejemplo, sabemos que la inflamación está implicada en este proceso y la aspirina es antiinflamatoria, pero no por eso prolonga la longevidad.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/05/22/biociencia/1369247902.html

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